lunes, 11 de febrero de 2019

Coxiella burnetii y fiebre Q

Hoy amig@s os hablaré de Coxiella burnetii, agente etiológico de la fiebre Q. La Q proviene de "query", como motivo de una fiebre de origen desconocido que provocó un brote en Australia en 1935. Fue descrita por Derrick en 1937.

Derrick


En ese mismo año, Burnet, Davis y Cox identificaron el microorganismo como una rickettsia a partir de tejidos de cobayas inoculados experimentalmente y la denominaron Coxiella burnetii en honor a los autores que la identificaron.

Burnet

Cox

Y es que Coxiella burnetii es un bacilo gram negativo, intracelular, que crece exclusivamente en células eucariotas. Fue clasificada como miembro de la familia Rickettsiaceae, pero debido a las diferencias con las rickettsias, pertenece actualmente al grupo gamma de Proteobacterias.

C.burnetii es un agente altamente infeccioso y es uno de los más resistentes al calor y la desecación. Se puede difundir al ambiente y ser inhalado después de largos periodos de tiempo. Un solo microorganismo puede causar la enfermedad en una persona susceptible.

Todo lo anterior hace que pueda ser cultivado y utilizado como amenaza en actividades terroristas. En este caso, lo esperado sería la aparición de brotes de neumonía atípica. Presenta dos fases antigénicas: fase I y fase II. En la siguiente imagen os dejo lo principal de ellas.


En la naturaleza, en animales, en humanos y en las garrapatas, el germen está en fase I, que es la fase virulenta; en ella el LPS (lipolisacárido de la membrana externa) es mucho más complejo. En el laboratorio, tras pases seriados en huevos embrionados, el germen pasa a fase II.

La fase II es avirulenta y el LPS es más sencillo. La variación de fase de C.burnetii parece que obedece a fenómenos condicionados por el huésped y también a una economía energética, en la cual desvía ese excedente energético a la proliferación en un medio favorable.

Hablemos un poco de como se transmite esta bacteria: C. burnetii es una zoonosis ubicua transmisible al ser humano, que se ha identificado en artrópodos, peces, pájaros, roedores, garrapatas, marsupiales y diferentes tipos de ganado.
No obstante, la principal fuente de infección para el hombre y los animales domésticos son el ganado ovino, caprino y bovino. Los mamíferos infectados eliminan el microorganismo resistente a la desecación en la orina, heces, leche y en productos relacionados con el parto.

El microorganismo está perfectamente adaptado a vivir en el interior de las garrapatas,ocupan un lugar central en el mantenimiento de la viabilidad de este microorganismo en la naturaleza, transmitiéndolo de unos animales salvajes a otros y, ocasionalmente, al ganado.

El riesgo de transmisión al humano es elevado en el momento de producirse el parto o el aborto en el ganado. Durante la gestación, especialmente en las últimas semanas, se incrementa la proliferación de estos microorganismos, aumentando su concentración en ciertos órganos.


En el momento del parto o el aborto, estos patógenos son dispersados en el ambiente, pudiendo infectar a otros animales y al hombre. Las muestras de aire son positivas hasta dos semanas después, aunque en ocasiones la excreción puede ser intermitente y prolongarse durante meses.

Se admiten otras vías de contagio, como la ingestión de productos lácteos crudos contaminados, la exposición profesional y manipulación de animales contaminados y, esporádicamente, la transfusión de sangre infectada o por vía transplacentaria, que produce infecciones congénitas.

Una vez que C. burnetii ingresa en el organismo, es captada principalmente por monocitos y macrófagos, localizándose en el interior de éstos en forma de fagolisosomas, cuyo pH ácido parece ser necesario para su metabolismo y multiplicación.



Tras la exposición y un período de incubación de 10-17 días, C.burnetii produce una infección que puede ser inaparente o asintomática (54-60%), aguda (40%) o crónica (1-5%). En los siguientes párrafos, explicaré cada una de ellas.

1) Infección asintomática: en la mayoría de los casos, la respuesta inmunitaria del hospedador, principalmente la de base celular, logra la destrucción del agente patógeno sin dar síntomas. 
2) Infección aguda: la infección aguda se manifiesta con signos clínicos inespecíficos como son fiebre, debilidad, malestar general, cefaleas, artralgias, etc. La fiebre suele remitir entre los 9 y 14 días, y la erupción cutánea es excepcional. En ocasiones puede acompañarse de hepatitis, o bien puede agravarse con un cuadro de neumonía atípica.
El pronóstico de la infección aguda es bueno, con remisión de los síntomas en dos o tres semanas y una tasa de mortalidad inferior al 1%. Sólo un número limitado de pacientes (2-5%) requiere hospitalización.
3)Infección crónica: la manifestación clínica más frecuente es la endocarditis, que se diagnostica, casi exclusivamente, en pacientes con una afectación valvular previa, en pacientes trasplantados y en pacientes inmunodeprimidos.

Se ha sugerido la persistencia asintomática de C. burnetii con reactivación asociada a este tipo de pacientes y a embarazadas. Otros cuadros de presentación son hepatitis crónica, osteomielitis, etc. El pronóstico es grave y la tasa de mortalidad se estima en torno a un 15%.

Su diagnóstico principal es mediante inmunofluorescencia indirecta (IFI) permitiendo identificar y cuantificar las distintas clases de inmunoglobulinas (IgG, IgA e IgM) distinguiendo así de una forma aguda (antígeno en fase II) de una forma crónica (antígeno en fase I).

Hay otras formas de diagnosticarlo: PCR, líneas celulares de fibroblastos de pulmón... pero los inconvenientes superan a los beneficios en muchas ocasiones, descartándose. El tto. de la fiebre Q aguda consiste en administrar doxiciclina, 200 mg/día, durante 15-21 días.

 

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